miércoles

De historias sabe la vida

Desde que te conocí no puedo evitar abrazarlo todo. Tú me enseñaste a utilizar el abrazo como moneda de cambio y ahora, ya ves, cada vez que un usuario saca el monedero para pagarme la carrera, me abalanzo sobre él con los brazos extendidos y le abrazo.
Y ningún usuario reacciona como tú:
- ¿Qué le debo? - me preguntó ayer un hombre con bigote.
- Anda, deje, tonto, y venga aquí... - le dije con voz nasal tirándome a su torso.
- ¿Pero qué hace? Quite, coooño... - soltó mientras me golpeaba con su maletín de piel de saña.
¿Cómo explicarle a aquel señor del bigote, amor, que el abrazo es ahora el único lenguaje que conozco? ¿cómo explicarle que me has convertido en un auténtico fascista del cariño? ¿cómo quieres que, después de haber pasado noches enteras abrazado a ti, me comporte ahora como si nada?
¿En qué jodido hechizo carnal me has metido?
Ahora no paro de buscar huecos blandos por todas partes donde poder reposar mi cabeza, cual yonki de peluche. Busco el hueco de tu hombro en los huecos de todos los hombros que se cruzan a mi paso. Pero ninguno encaja como el tuyo: Bendito Tetris dérmico, el nuestro.
Y además, comienzo a estar un poco harto de que todos esos usuarios a los que abrazo (por tu culpa) me acaben pegando o llamando a la policía.
Todos, menos tú.